LAS RUTAS
EL CAMINO ESTÁ SEPARADO EN DIFERENTES RUTAS O CAMINOS. CAMINOS DIFERENCIADOS POR PAÍSES.
La planificación del Camino de Santiago para el viajero que quiere enfrentarse a esta aventura comienza por una simple pero importante pregunta: ¿qué ruta elegimos? Esta decisión marcará nuestra experiencia como peregrinos, pues de entre las rutas más populares que podemos elegir, no tiene nada que ver un viaje por el Camino del Norte, entre costa y montañas, comparado con un viaje por el Camino Francés, transcurriendo por el interior y mucho más transitado por los peregrinos.
El camino de Santiago del Norte es una vía de peregrinación por la costa astur-galaica cuyo origen se remonta al siglo IX. Pisa suelo gallego en Ribadeo.
En Galicia a la prolongación de la calzada romana que unía Mérida con Astorga y que se desviaba hacia Compostela se la conoce como Camino del Sudeste, una ruta que tiene la particularidad de ser el trazado jacobeo con mayor recorrido en tierras gallegas. Atraviesa tres provincias –Ourense, Pontevedra y A Coruña- y cuenta, en su dilatado trazado, con un amplio abanico de alternativas y variantes, así como con dos accesos a la comunidad. El mayoritario es el que procede de Castilla y salva hacia el oeste el puerto de A Canda para acercarse hasta A Gudiña. Sin embargo, para todos esos peregrinos que, procedentes del noreste de Portugal, se acercaban a Chaves, lo más apropiado era cruzar la frontera y dirigirse hacia Verín para entroncar desde este lugar con el trazado milenario.
Desde A Gudiña parten dos ramales bien diferenciados, que aún mantienen vivo el debate sobre cuál de ellos es el histórico. Tanto el que parte por el norte hacia Laza siguiendo los pasos de la Verea Vella, recorrido elegido antaño –pero en sentido inverso- por los gallegos que acudían a la siega de Castilla, y entronca con la patrimonial Xunqueira de Ambía, como el que prosigue por el sur, hacia lugares como Verín, Xinzo o Allariz, guardan vestigios que atestiguan su amplio peregrinaje. De ello dan fe los hospitales medievales para peregrinos ubicados en Verín, Monterrei, Xunqueira de Ambía, Alberguería o Allariz así como los documentos que avalan la presencia de órdenes militares protectoras del Camino.
La de Santiago estaba en el itinerario por Laza, mientras que la Orden de San Juan de Jerusalén (posteriormente, Orden de Malta) tuvo un priorato en Allariz desde el año 1170. La principal diferencia entre ambos ramales del Camino de la Plata se halla en el kilometraje (214 kilómetros por Laza y 233 por Verín) y en el número de peregrinos, con mayor afluencia y notoriedad el que avanza hacia Laza. En ambos casos hay rocosas subidas, demasiado asfalto y localidades de amplio valor patrimonial. Ambas alternativas se unen antes de llegar a Ourense, capital termal de amplio bagaje jacobeo, para proseguir ya juntas hacia Cea, localidad de renombre por su pan, donde, de nuevo, surgen nuevas alternativas.
La más usual es la seguida por aquellos caminantes que, como antaño, se desviaban hacia el monasterio de Oseira -conocido como el Escorial gallego-, en busca de su hospitalidad. Tras recorrer la tierras del Deza el Camino apura hasta Ponte Ulla, donde se roza el simbólico Pico Sacro, escenario de uno de los milagros protagonizados por los discípulos del Apóstol. La entrada a Santiago se hará por su lado sur, sobre los vestigios de una antigua calzada medieval. Hoy en día son muchos los reclamos para cubrir este trazado.
Único trazado con origen en Santiago y meta en el cabo Finisterre, punto más occidental de Europa, o el Santuario da Virxe da Barca en la localidad de Muxía.
El Camino de Santiago a Finisterre y Muxía es la única ruta con origen en Santiago. Su meta es Finisterre o Muxía, dos lugares de gran simbolismo y vinculaciones jacobeas donde antaño se situaba el fin del mundo conocido. En la actualidad es uno de los trazados que gana más peregrinos y ritos. El Camino Santiago no siempre termina en Compostela. Desde la Edad Media fueron muchos los peregrinos –algunos ilustres, como el erudito clérigo boloñés Doménico Laffi- que, alcanzada la meta apostólica, decidieron continuar travesía hacia el lugar que simbolizaba, hasta el fin del Medievo, el último reducto de la tierra conocida, la punta más occidental de la Europa continental, el tramo final de ese itinerario mítico-simbólico que seguía el rastro marcado por la Vía Láctea y que tenía en el actual Finisterre (antiguo Finis Terrae) su rincón más extremo.
Desde O Grove o Ribeira hasta Padrón, imita el trayecto que cubrió la barca con los restos de Santiago Apóstol.
Se trata del camino jacobeo con mayor recorrido en Galicia y más variedad de ramales. Por la provincia de Ourense discurren dos variantes bien definidas, una por Laza y otra por Verín. Esta ruta, de amplio valor natural y patrimonial, es aún una gran desconocida para muchos peregrinos a pesar de que su trayecto se sustenta en calzadas romanas.
De ello dan fe los hospitales medievales para peregrinos ubicados en Verín, Monterrei, Xunqueira de Ambía, Alberguería o Allariz así como los documentos que avalan la presencia de órdenes militares protectoras del Camino. La de Santiago estaba en el itinerario por Laza, mientras que la Orden de San Juan de Jerusalén (posteriormente, Orden de Malta) tuvo un priorato en Allariz desde el año 1170. La principal diferencia entre ambos ramales se halla en el kilometraje (214 kilómetros por Laza y 233 por Verín) y en el número de peregrinos, con mayor afluencia y notoriedad el que avanza hacia Laza. En ambos casos hay rocosas subidas, demasiado asfalto y localidades de amplio valor patrimonial.
Ambas alternativas se unen antes de llegar a Ourense, capital termal de amplio bagaje jacobeo, para proseguir ya juntas hacia Cea, localidad de renombre por su pan, donde, de nuevo, surgen nuevas alternativas. La más usual es la seguida por aquellos caminantes que, como antaño, se desviaban hacia el monasterio de Oseira -conocido como el Escorial gallego-, en busca de su hospitalidad. Tras recorrer la tierras del Deza el Camino apura hasta Ponte Ulla, donde se roza el simbólico Pico Sacro, escenario de uno de los milagros protagonizados por los discípulos del Apóstol.
La entrada a Santiago se hará por su lado sur, sobre los vestigios de una antigua calzada medieval. Hoy en día son muchos los reclamos para cubrir el trazado del Camino de la Plata. La tranquilidad y la ausencia de masificación son dos de sus principales valedores. En contraposición se hallan las altas temperaturas de Ourense –sartén de Galicia- y la soledad.
Por ello, la época más apropiada para cubrirlo son los meses de mayo, junio, septiembre y octubre. Como otros hándicaps se sitúan el número no elevado de albergues, lo que obliga a cubrir demasiados kilómetros en una jornada, y, en algunos tramos, la deficiente señalización. Eso sí, es indudable que la ruta atraviesa amplios espacios naturales de gran belleza, y más vírgenes y autóctonos que los de otros trazados; pisa la historia en diversos puentes milenarios; y confluye en localidades que merecen una reposada visita.
CAMINO FRANCÉS
Itinerario con mayor tradición histórica del Camino de Santiago. Nace en Francia, salva los Pirineos y cruza la Península Ibérica de este a oeste. Accede a Galicia por la legendaria subida a O Cebreiro.
El Camino de Santiago Francés cuenta con un itinerario preciso en el país galo, de donde parten cuatro ramales. Tres de ellos, con origen en París-Tours, Vézelay-Limoges y Le Puy-Conques, confluyen en Ostabat, población situada a 20 kilómetros de Saint-Jean-Pied-de-Port. Tras cubrir este corto trayecto juntos y trepar por los Pirineos, los peregrinos acceden a España por Roncesvalles. El cuarto recorrido galo, procedente de Arles-Toulouse, entra a su vez por el puerto de Somport y continúa hasta Jaca, localidad situada en la comunidad española de Aragón. Ambas variantes no se unificarán hasta Puente la Reina (Navarra), una de las localidades con mayor acervo jacobeo.
Desde este punto el Camino frances mantiene un único itinerario hasta la llegada a Galicia, con pequeñas variantes en algunos tramos, como las que optan, a partir de Sahagún, y de forma minoritaria, por continuar camino por las antiguas vías o calzadas romanas. Llegados a Galicia, y tras salvar el legendario ascenso a O Cebreiro, los romeros avanzarán en un rápido ambular entre los bosques autóctonos de la provincia de Lugo y las praderas y pequeños montes de A Coruña. Si se parte desde el país galo, y tras casi un mes de peregrinación, se alcanza entonces Santiago de Compostela.
CAMINO DEL NORTE
El camino de Santiago del Norte es una vía de peregrinación por la costa astur-galaica cuyo origen se remonta al siglo IX. Pisa suelo gallego en Ribadeo.
El Camino de Santiago del Norte no está tan masificado, ni mucho menos, como el Francés. Tampoco dispone de semejante infraestructura enfocada al peregrino. Sin embargo, y pese a sus menores cifras, la ruta se mantiene en el podio de las más transitadas. Pero la revitalización del fenómeno jacobeo ha cogido por sorpresa algunas localidades, aun siendo una ruta consolidada, bien recuperada y debidamente señalizada con la concha de vieira y las estratégicas flechas amarillas de las asociaciones de Amigos del Camino. Solo algunos tramos urbanos del Camino de Norte pueden llevar a error. Ruta tranquila, exigente en los montes y a veces dura por el clima, el Camino de Santiago Norte guarda paisajes verdes, solitarios. También historia y patrimonio, vestigios a menudo aislados en el interior de legendarias poblaciones que marcan la cadencia de las etapas Camino del Norte.
El tramo gallego, desde Ribadeo, supone una caminata de 197 kilómetros, prácticamente también el mínimo exigido para obtener la Compostela en bicicleta (200 kilómetros). Avanza hacia Lourenzá y Mondoñedo; descansa en las llanuras de A Terra Chá y su capital, Vilalba, y recibe la hospitalidad del monasterio cisterciense de Sobrado dos Monxes antes de confluir en Arzúa con el ajetreado Camino Francés. Allí los viajeros de una y otra vertiente aúnan el paso, dando por bueno que todos los caminos, al menos en Galicia, llevan a Santiago.
En A Fonsagrada el Camino Primitivo tiene dos variantes. Una pasa por la capital municipal -un oasis de servicios tras el tramo de montaña asturiana- y la otra visita la histórica, decrépita y muy interesante Pobra do Burón. Ambas confluyen en el mencionado Hospital de Montouto antes de atravesar los concellos de Baleira y Castroverde para llegar a Lugo y su gran oferta culinaria.
El peregrino cruza la muralla romana de esta ciudad situada a 100 kilómetros de Santiago (el mínimo para conseguir la Compostela, el popular certificado de peregrinación) antes de seguir rumbo oeste por una carretera que recorre un puñado de aldeas sin apenas servicios de los concellos de Guntín, Friol, Palas de Rei y Toques (atraviesa la suave Serra do Careón). Luego entronca en Melide con el Francés. Allí el Camino Primitivo pierde su esencia. Y la tranquilidad que lo han acompañado en los últimos años. Pero sufrir la masificación es el precio a pagar por acercarse a Santiago, el destino final (¿O no? Muchos siguen ruta desde Compostela hasta Fisterra, legendario fin del mundo occidental) de un peregrinaje milenario.
Ruta seguida por los peregrinos del norte y oeste de Europa que arribaron por barco a la costa coruñesa y continuaron por tierra hasta Santiago de Compostela.
No solo los peregrinos ingleses optaban por iniciar las rutas del Camino de Santiago desde las costas coruñesas hacia Santiago de Compostela. En realidad, el conocido como Camino Inglés, con sus variantes desde A Coruña o Ferrol, era en el alto y bajo medievo un compendio de itinerarios recorridos por devotos ingleses, sí, pero también escoceses, irlandeses, escandinavos o flamencos, esto es, del norte y oeste de Europa. Por ello eran varios los puertos de partida y no menos los destinos, a menudo fijados a merced de las tempestades que sacudían los navíos de poco calado que traficaban en los puertos secundarios gallegos. El juego de entrantes y salientes del accidente que los romanos bautizaron como Magnus sinus Artabrorum, o golfo Ártabro, constituía en conjunto el punto de arribada de las peregrinaciones, valiéndose luego, por tierra, de los antiguos Caminos Reales y otras sendas.
Unos trescientos años después de la inventio –o descubrimiento de la tumba de Santiago en el siglo IX- la peregrinación pasó a convertirse en un fenómeno de masas al que no eran ajenos los pobladores anglosajones, entusiastas de las marchas a santuarios europeos.
El Camino Portugués es una ruta medieval del Camino de Santiago que discurre hacia el norte desde el país luso y se adentra por Galicia a orillas del río Miño. Se trata de un itinerario de largo recorrido con el que se accede a Galicia desde tierras portuguesas.
El trazado, de notables evidencias monumentales, salva diversos ríos a través de puentes de bella factura romana o medieval, como Ponte Sampaio, y se aprovecha, al igual que hicieron los caminantes medievales, de vías romanas que vertebraron la Gallaecia romana y continuaron en vigencia durante siglos, como la Vía XIX, también conocida como Itinerario de Antonino. Fueron estas calzadas las que guiaron a los caminantes en los primeros tiempos de la peregrinación y las que ayudaron a establecer entre Portugal y Galicia fecundos canales de intercambio cultural y económico.
Como puntos negativos del trazado se sitúan, en la actualidad, la N-550, la carretera que enlaza Vigo y A Coruña, y que se impone y superpone en muchos tramos del Camino portugués, y los diversos pasos sin barrera sobre la vía del tren que deben afrontar los peregrinos. A cambio, los viajeros gozarán en Galicia de un trayecto sencillo, sin grandes altibajos y con buenas panorámicas. Al llegar a la altura de Redondela las vistas sobre la ría de Vigo compensarán el excesivo asfalto.
Recorrido procedente de Andalucía y Extremadura, asentado sobre las antiguas vías romanas y que da comienzo originalmente desde la misma puerta de la catedral de Sevilla.
El tramo gallego, desde Ribadeo, supone una caminata de 197 kilómetros, prácticamente también el mínimo exigido para obtener la Compostela en bicicleta (200 kilómetros). Avanza hacia Lourenzá y Mondoñedo; descansa en las llanuras de A Terra Chá y su capital, Vilalba, y recibe la hospitalidad del monasterio cisterciense de Sobrado dos Monxes antes de confluir en Arzúa con el ajetreado Camino Francés. Allí los viajeros de una y otra vertiente aúnan el paso, dando por bueno que todos los caminos, al menos en Galicia, llevan a Santiago.
CAMINO PRIMITIVO
El Camino de Santiago más antiguo es hoy una ruta de gran belleza y exigente trazado. El Camino Primitivo, nada masificado, sigue las huellas del primer peregrino.
El Camino Primitivo, una de las rutas más emblemáticas del Camino Santiago, nace a los pies de la catedral de Oviedo. Desde allí recorre la mitad occidental del Principado de Asturias por el interior. Pasa por Grado, Salas, Tineo, Borres, Pola de Allande, la Mesa y Grandas de Salime. Y entra en Galicia por el alto do Acebo (1.130 metros de altura), a 13 kilómetros de A Fonsagrada, la primera localidad de referencia de este Camino en la comunidad autónoma gallega, y a unos 170 de la meta final: Santiago. Toda la ruta puede hacerse en 13 o 14 etapas. Y la parte gallega, en 7.En A Fonsagrada el Camino Primitivo tiene dos variantes. Una pasa por la capital municipal -un oasis de servicios tras el tramo de montaña asturiana- y la otra visita la histórica, decrépita y muy interesante Pobra do Burón. Ambas confluyen en el mencionado Hospital de Montouto antes de atravesar los concellos de Baleira y Castroverde para llegar a Lugo y su gran oferta culinaria.
El peregrino cruza la muralla romana de esta ciudad situada a 100 kilómetros de Santiago (el mínimo para conseguir la Compostela, el popular certificado de peregrinación) antes de seguir rumbo oeste por una carretera que recorre un puñado de aldeas sin apenas servicios de los concellos de Guntín, Friol, Palas de Rei y Toques (atraviesa la suave Serra do Careón). Luego entronca en Melide con el Francés. Allí el Camino Primitivo pierde su esencia. Y la tranquilidad que lo han acompañado en los últimos años. Pero sufrir la masificación es el precio a pagar por acercarse a Santiago, el destino final (¿O no? Muchos siguen ruta desde Compostela hasta Fisterra, legendario fin del mundo occidental) de un peregrinaje milenario.
CAMINO INGLÉS
Ruta seguida por los peregrinos del norte y oeste de Europa que arribaron por barco a la costa coruñesa y continuaron por tierra hasta Santiago de Compostela.
No solo los peregrinos ingleses optaban por iniciar las rutas del Camino de Santiago desde las costas coruñesas hacia Santiago de Compostela. En realidad, el conocido como Camino Inglés, con sus variantes desde A Coruña o Ferrol, era en el alto y bajo medievo un compendio de itinerarios recorridos por devotos ingleses, sí, pero también escoceses, irlandeses, escandinavos o flamencos, esto es, del norte y oeste de Europa. Por ello eran varios los puertos de partida y no menos los destinos, a menudo fijados a merced de las tempestades que sacudían los navíos de poco calado que traficaban en los puertos secundarios gallegos. El juego de entrantes y salientes del accidente que los romanos bautizaron como Magnus sinus Artabrorum, o golfo Ártabro, constituía en conjunto el punto de arribada de las peregrinaciones, valiéndose luego, por tierra, de los antiguos Caminos Reales y otras sendas.
Unos trescientos años después de la inventio –o descubrimiento de la tumba de Santiago en el siglo IX- la peregrinación pasó a convertirse en un fenómeno de masas al que no eran ajenos los pobladores anglosajones, entusiastas de las marchas a santuarios europeos.
CAMINO PORTUGUÉS
El trazado, de notables evidencias monumentales, salva diversos ríos a través de puentes de bella factura romana o medieval, como Ponte Sampaio, y se aprovecha, al igual que hicieron los caminantes medievales, de vías romanas que vertebraron la Gallaecia romana y continuaron en vigencia durante siglos, como la Vía XIX, también conocida como Itinerario de Antonino. Fueron estas calzadas las que guiaron a los caminantes en los primeros tiempos de la peregrinación y las que ayudaron a establecer entre Portugal y Galicia fecundos canales de intercambio cultural y económico.
Como puntos negativos del trazado se sitúan, en la actualidad, la N-550, la carretera que enlaza Vigo y A Coruña, y que se impone y superpone en muchos tramos del Camino portugués, y los diversos pasos sin barrera sobre la vía del tren que deben afrontar los peregrinos. A cambio, los viajeros gozarán en Galicia de un trayecto sencillo, sin grandes altibajos y con buenas panorámicas. Al llegar a la altura de Redondela las vistas sobre la ría de Vigo compensarán el excesivo asfalto.
VÍA DE LA PLATA (POR LAZA)
Desde A Gudiña parten dos ramales bien diferenciados, que aún mantienen vivo el debate sobre cuál de ellos es el histórico. Tanto el que parte por el norte hacia Laza siguiendo los pasos de la Verea Vella, recorrido elegido antaño –pero en sentido inverso- por los gallegos que acudían a la siega de Castilla, y entronca con la patrimonial Xunqueira de Ambía, como el que prosigue por el sur, hacia lugares como Verín, Xinzo o Allariz, guardan vestigios que atestiguan su amplio peregrinaje. De ello dan fe los hospitales medievales para peregrinos ubicados en Verín, Monterrei, Xunqueira de Ambía, Alberguería o Allariz así como los documentos que avalan la presencia de órdenes militares protectoras del Camino.
La de Santiago estaba en el itinerario por Laza, mientras que la Orden de San Juan de Jerusalén (posteriormente, Orden de Malta) tuvo un priorato en Allariz desde el año 1170. La principal diferencia entre ambos ramales del Camino de la Plata se halla en el kilometraje (214 kilómetros por Laza y 233 por Verín) y en el número de peregrinos, con mayor afluencia y notoriedad el que avanza hacia Laza. En ambos casos hay rocosas subidas, demasiado asfalto y localidades de amplio valor patrimonial. Ambas alternativas se unen antes de llegar a Ourense, capital termal de amplio bagaje jacobeo, para proseguir ya juntas hacia Cea, localidad de renombre por su pan, donde, de nuevo, surgen nuevas alternativas.
La más usual es la seguida por aquellos caminantes que, como antaño, se desviaban hacia el monasterio de Oseira -conocido como el Escorial gallego-, en busca de su hospitalidad. Tras recorrer la tierras del Deza el Camino apura hasta Ponte Ulla, donde se roza el simbólico Pico Sacro, escenario de uno de los milagros protagonizados por los discípulos del Apóstol. La entrada a Santiago se hará por su lado sur, sobre los vestigios de una antigua calzada medieval. Hoy en día son muchos los reclamos para cubrir este trazado.
CAMINO DE SANTIAGO A FINISTERRE Y MUXÍA
RUTA DEL MAR DE ARUOSA Y RÍO ULLA
VÍA DE LA PLATA (POR VERÍN)
De ello dan fe los hospitales medievales para peregrinos ubicados en Verín, Monterrei, Xunqueira de Ambía, Alberguería o Allariz así como los documentos que avalan la presencia de órdenes militares protectoras del Camino. La de Santiago estaba en el itinerario por Laza, mientras que la Orden de San Juan de Jerusalén (posteriormente, Orden de Malta) tuvo un priorato en Allariz desde el año 1170. La principal diferencia entre ambos ramales se halla en el kilometraje (214 kilómetros por Laza y 233 por Verín) y en el número de peregrinos, con mayor afluencia y notoriedad el que avanza hacia Laza. En ambos casos hay rocosas subidas, demasiado asfalto y localidades de amplio valor patrimonial.
Ambas alternativas se unen antes de llegar a Ourense, capital termal de amplio bagaje jacobeo, para proseguir ya juntas hacia Cea, localidad de renombre por su pan, donde, de nuevo, surgen nuevas alternativas. La más usual es la seguida por aquellos caminantes que, como antaño, se desviaban hacia el monasterio de Oseira -conocido como el Escorial gallego-, en busca de su hospitalidad. Tras recorrer la tierras del Deza el Camino apura hasta Ponte Ulla, donde se roza el simbólico Pico Sacro, escenario de uno de los milagros protagonizados por los discípulos del Apóstol.
La entrada a Santiago se hará por su lado sur, sobre los vestigios de una antigua calzada medieval. Hoy en día son muchos los reclamos para cubrir el trazado del Camino de la Plata. La tranquilidad y la ausencia de masificación son dos de sus principales valedores. En contraposición se hallan las altas temperaturas de Ourense –sartén de Galicia- y la soledad.
Por ello, la época más apropiada para cubrirlo son los meses de mayo, junio, septiembre y octubre. Como otros hándicaps se sitúan el número no elevado de albergues, lo que obliga a cubrir demasiados kilómetros en una jornada, y, en algunos tramos, la deficiente señalización. Eso sí, es indudable que la ruta atraviesa amplios espacios naturales de gran belleza, y más vírgenes y autóctonos que los de otros trazados; pisa la historia en diversos puentes milenarios; y confluye en localidades que merecen una reposada visita.








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